Acabas de tener un bebé, tu vida se ha puesto patas arriba y todo el mundo insiste en que esta debería ser «la etapa más feliz de tu vida».
Pero puede que estés llorando en la ducha, saltando a la mínima con tu pareja o despierta a las 3 de la mañana, incluso cuando tu bebé por fin duerme, pensando: «¿Qué me pasa?».
Si algo de esto te suena, no estás rota, no eres una mala madre y, desde luego, no eres la única.
En este artículo repasamos la diferencia entre baby blues vs depresión postparto, cómo se ve la ansiedad posparto y en qué momento deja de ser una «bajada hormonal normal» para convertirse en algo que necesita ayuda profesional. Si al menos una frase te suena a ti, sigue leyendo. Para algunas mujeres, esta información les cambia literalmente la vida.
La mayoría de matronas y ginecólogos advierten del baby blues antes del parto. Luego llega el bebé, vuelves a casa y, de repente, entiendes muy bien a qué se referían.
El baby blues afecta a hasta un 80 % de las madres recientes. Es decir, unas 8 de cada 10 mujeres lo notan en mayor o menor medida.
Tiene que ver sobre todo con:
No es una señal de debilidad. Es tu cuerpo y tu cerebro intentando adaptarse muy rápido a cambios enormes.
La mayoría de las madres notan cambios de humor posparto muy pronto.
¿Cuándo empieza el baby blues?
Suele aparecer hacia el segundo o tercer día después del parto
( muchas veces justo al llegar a casa o cuando se pasa la adrenalina inicial).
¿Cuándo es más intenso?
A menudo alrededor del quinto día. Muchas mujeres describen el día 5 como «día de derrumbe total».
¿Cuánto dura el baby blues?
Normalmente se va calmando antes de las 2 semanas tras el parto.
Puedes seguir cansada y sensible, pero esos altibajos tan intensos y repentinos se suavizan.
Si tus síntomas siguen siendo fuertes después de 2 semanas, es una señal importante para hablar con tu médico de cabecera, matrona, ginecólogo o psicóloga sobre depresión posparto o depresión postnatal.
Los síntomas de baby blues pueden sentirse muy caóticos. Un momento te ríes de la cara que pone tu bebé y al rato estás llorando porque se te ha quemado la tostada.
Los síntomas baby blues más habituales son:
Cambios de humor repentinos
Pasar de estar bien a llorar o enfadarte en cuestión de minutos.
Llanto fácil
Llorar «sin motivo aparente». A menudo por las tardes o cuando se van las visitas.
Irritabilidad
Contestar mal a tu pareja o a tu familia, sentirte molesta por casi todo.
Ansiedad
Preocuparte más de lo normal, sobre todo por la lactancia, el sueño del bebé o por «hacerlo bien».
Dificultad para dormir aunque el bebé duerma
Estás agotada, pero la mente no se apaga.
Sensación de desborde
Lo básico del día (dar el pecho o el biberón, cambiar pañales, ducharte) se siente como una maratón.
Con el baby blues, a pesar de todo esto:
Si lo que te pasa encaja más o menos con esto, es muy probable que estés en la franja de baby blues. Aquí ayudan mucho el descanso, el apoyo y que alguien te valide lo que sientes.
La depresión postparto o depresión posparto no es simplemente un baby blues que se ha alargado un poco. Es un problema de salud que merece tratamiento, igual que cualquier enfermedad física.
En países de habla hispana, los estudios suelen indicar que entre un 10 y un 20 % de las madres presenta depresión postparto durante el primer año tras el nacimiento. Es al menos 1 de cada 10 mujeres, probablemente más, porque muchas nunca cuentan lo mal que se sienten.
Aquí suele haber mucha confusión.
La depresión postparto:
Así que si tu bebé tiene 4 meses o 9 meses y piensas: «¿Cómo voy a tener depresión posparto ahora?»
Sí, es posible. El periodo posparto abarca todo ese primer año.
Cada mujer lo vive de forma un poco distinta, pero hay signos de depresión postparto que se repiten mucho.
Si notas varios de estos síntomas la mayoría de los días durante más de 2 semanas, es momento de pedir ayuda depresión postparto:
Tristeza o vacío persistente
Sentirte baja de ánimo, como anestesiada o sin esperanza la mayor parte del día, casi todos los días.
Pérdida de interés o placer
Cosas que antes te gustaban (series, leer, tus aficiones, incluso achuchar al bebé) ahora te dejan indiferente.
Falta de interés por el bebé
Atiendes sus necesidades, pero te sientes desconectada, resentida o indiferente.
Ansiedad intensa o ataques de pánico
Miedo muy fuerte, palpitaciones, temblores, sensación de que te vas a desmayar o perder el control.
Dificultad para crear vínculo con tu bebé
No sentir ese «flechazo de amor» del que todo el mundo habla. Tal vez no sientes nada, o incluso rabia.
Incapacidad para funcionar
Lo cotidiano se hace imposible. Vestirte, ducharte o contestar un mensaje se siente como demasiado.
Aislamiento de familia y amistades
No coges el teléfono, cancelas planes, quieres estar sola o sientes que nadie te entiende.
Cambios en el sueño
Insomnio (la mente acelerada, sin poder dormir aunque el bebé duerma) o, al contrario, dormir en exceso.
Cambios en el apetito
Comer muy poco o comer de más buscando consuelo.
Sentimientos de culpa, inutilidad o de ser «mala madre»
Un diálogo interno muy duro, desproporcionado respecto a la realidad.
Pensamientos de hacerte daño o dañar al bebé
Desde imágenes intrusivas no deseadas hasta planes más concretos.
Y aquí hace falta dejar algo muy claro:
Tener pensamientos de hacerte daño a ti o a tu bebé no te convierte en un monstruo. Es una señal de lo mal que lo estás pasando. Lo que necesitas es ayuda urgente, no vergüenza.
Muchas mujeres no se sienten sobre todo tristes. Se sienten aterradas.
Puedes estar todo el día en tensión, con el corazón acelerado, comprobando si el bebé respira cada poco, buscando en Google cada granito o erupción a las 2 de la mañana.
Esto puede ser ansiedad posparto, que a veces aparece sola y otras junto a la depresión postparto.
Preocuparse algo más de la cuenta al principio es normal. Pero la ansiedad posparto se parece más a esto:
Preocupación excesiva que no se apaga
Las preocupaciones dan vueltas y vueltas en tu cabeza. No consigues tranquilizarte.
Pensamientos acelerados
Tu mente salta de un «¿y si pasa esto?» a otro sin parar, y acabas agotada.
Comprobaciones constantes o búsqueda de seguridad
Revisar la respiración del bebé una y otra vez, necesitar que otros te digan que «todo está bien» continuamente.
Síntomas físicos
Opresión en el pecho, taquicardias, mareos, sudoración, sensación de que algo horrible va a ocurrir.
Imposibilidad de relajarse
Incluso cuando el bebé está seguro y dormido, tu cuerpo sigue en estado de alarma.
Conductas de evitación
Evitar dormir, salir de casa o dejar que otra persona coja al bebé por miedo a los «y si…».
Algunas mujeres con ansiedad posparto no se sienten especialmente deprimidas, así que piensan que no puede ser depresión posparto. En realidad, la salud mental tras el parto suele venir en «pack»: depresión, ansiedad o una mezcla de ambas.
Comparar baby blues y depresión ayuda a situar lo que te pasa. Al leer esto, intenta pensar con cariño: «¿Dónde encaja más mi experiencia?».
Baby blues
Depresión postparto
Si los síntomas intensos empiezan o siguen después de esas 2 semanas, es más probable hablar de depresión postparto vs baby blues.
Baby blues
Depresión postparto
Baby blues
Depresión postparto
Si te preguntas: «¿Cuánto dura el baby blues? Porque llevo 4 semanas y sigo fatal»
Eso es un indicador importante para hablar con un profesional sobre síntomas depresión postparto.
La falta de sueño amplifica todo. Hacerte algunas preguntas puede ayudarte a orientarte:
Si pudieras dormir bien una semana entera como por arte de magia, ¿crees que volverías a sentirte tú más o menos?
¿O te notas tan baja de ánimo o tan ansiosa que ni imaginando descansar te ves mejor?
¿Hay aún momentos en el día en los que te sientes bien, aunque sean cortos?
¿O la sensación de tristeza o angustia es continua, de la mañana a la noche?
¿Hay personas de confianza que te digan que «no te ven como siempre» o que «se te ve muy apagada»?
Tu propia intuición también importa. Si una vocecita dentro te susurra «creo que necesito ayuda», hazle caso. Esa voz es sabia.
Muchas madres tardan en pedir ayuda depresión postparto porque sienten vergüenza. O piensan: «Hay gente mucho peor, yo debería poder con esto».
No hace falta tocar fondo para merecer apoyo.
En España y muchos países de Latinoamérica:
Pedir ayuda no significa que te vayan a separar de tu bebé. El objetivo de los profesionales es manteneros juntos y seguros. El tratamiento busca devolverte fuerzas, no castigarte.
No hace falta llegar a la consulta del médico con un discurso perfecto. Lo importante es abrir la puerta a la conversación.
Si puedes, intenta contárselo al menos a una persona de confianza:
Puedes decir cosas como:
A veces ayuda enseñar un artículo como este, impreso o en el móvil, para que entiendan mejor.
Según el país, puedes acudir a:
Puedes empezar diciendo algo así:
«Desde el parto me siento muy triste y ansiosa. Lleva más de dos semanas y me preocupa poder tener depresión posparto.»
Comenta signos de depresión postparto o de ansiedad que hayas notado: dificultades para vincularte con el bebé, ataques de pánico, sentir que nada tiene sentido, pensamientos intrusivos.
Tienes derecho a que te tomen en serio. Si sientes que minimizan lo que te pasa, puedes insistir o pedir otra cita con otra persona.
En muchos centros de salud se utiliza un cuestionario breve llamado Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EPDS).
Son 10 preguntas sobre cómo te has sentido en los últimos 7 días, incluyendo:
Las respuestas son tipo test, del estilo «Sí, la mayor parte del tiempo» o «No, en absoluto».
La suma da una puntuación que orienta sobre si puede haber depresión postnatal o necesidad de más apoyo.
La EPDS no es un diagnóstico por sí misma, pero sirve de filtro para decidir los siguientes pasos.
Si te preocupa el tema, puedes buscar en internet «Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo», rellenarla en casa y llevar el resultado a tu cita.
La depresión postparto y la ansiedad posparto tienen tratamiento. Muchas mujeres se recuperan por completo con el apoyo adecuado. No tienes por qué «aguantar» así todo el año del bebé.
Entre las más frecuentes están:
Terapia cognitivo-conductual (TCC)
Te ayuda a identificar patrones de pensamiento y conductas que te hacen sentir peor, y a sustituirlos por otros más realistas y amables contigo misma.
Psicoterapia o counselling
Un espacio seguro para hablar de cómo fue el parto, los cambios en tu identidad, tus relaciones y tus emociones.
En la sanidad pública de muchos países hay psicólogos en centros de salud o en unidades de salud mental a los que se accede con derivación del médico. También existen asociaciones y fundaciones que ofrecen grupos de apoyo y atención específica para madres con depresión posparto en distintas ciudades.
Cuanto antes pidas cita, mejor, porque a veces hay lista de espera.
En algunos casos la terapia no basta, sobre todo si los síntomas depresión postparto son intensos o hay riesgo para tu seguridad.
El médico o psiquiatra puede proponer antidepresivos. Muchas mujeres se preocupan mucho por esto si están dando el pecho. Por eso es tan importante tener buena información.
Algunos puntos clave:
La depresión posparto sin tratar también tiene riesgos: para tu bienestar, para tu capacidad de cuidar y para el vínculo a medio y largo plazo. Cuidar de tu salud mental es una forma de cuidar a tu hijo o hija.
No empieces ni dejes medicación por tu cuenta sin consultarlo con un profesional. Comenta todas tus dudas con tu médico, matrona o un psiquiatra perinatal si está disponible en tu zona.
Ningún fármaco ni terapia sustituye al apoyo en el día a día.
Algunos cambios que pueden marcar mucha diferencia:
Ayuda en casa
Que alguien te prepare comida, ponga una lavadora o se quede con el bebé mientras te duchas o descansas.
Apoyo con el sueño
Que tu pareja se encargue de algún biberón nocturno (o de traer y llevar al bebé si das pecho), o que un familiar te ayude con los madrugones.
Apoyo entre iguales
Grupos de crianza, grupos de «mamás y bebés» en centros de salud o espacios comunitarios, asociaciones de lactancia, o comunidades online donde se hable abiertamente de la salud mental materna.
Poner límites
Reducir visitas si te agotan, decir que no a quien te juzga, y pedir el tipo de ayuda que de verdad necesitas (que recojan la cocina en vez de venir «a ver al bebé» una hora más).
Todo esto no es un capricho. Forma parte del tratamiento de la depresión postparto y también ayuda a que un baby blues no se convierta en algo más serio.
La maternidad reciente suele mostrarse como mantitas, sonrisas adormiladas y madres radiantes. Casi nunca se ve el momento de las 4 de la mañana en el que sientes que tu vida se ha dado la vuelta y no encuentras tu sitio.
Si te quedas con una sola idea de este texto, que sea esta:
Depresión postparto, depresión posparto, depresión postnatal, baby blues, ansiedad posparto… Los términos pueden resultar liosos. Lo que realmente importa es cómo te sientes tú y cómo estás pudiendo vivir tu día a día ahora mismo.
Si en algún momento has pensado «esa soy yo», por favor:
Pedir ayuda depresión postparto es un acto de valentía, no de fracaso. Estás haciendo algo enorme: gestar, parir y cuidar a un ser humano. Cuidar también tu salud mental forma parte de ser la buena madre que ya eres.