Consigues que tu bebé coma, lo acunas, parece que por fin se relaja… y de repente empieza a llorar otra vez. Llanto intenso, cara roja, a veces se arquea hacia atrás o encoge las piernas. Ya has mirado el pañal, está abrigado, le acabas de dar el pecho o el biberón. Entonces, ¿por qué llora mi bebé después de comer?
Si estás leyendo esto a las 2 de la mañana con el bebé en brazos, no eres la única persona. Muchísimas familias se hacen la misma pregunta en las primeras semanas. La parte tranquila de todo esto: hay varias causas muy frecuentes por las que un bebé llora después de comer, y se pueden ir descartando una a una.
Piensa en esta guía como en un esquema sencillo y práctico al que recurrir, en vez de perderte en búsquedas interminables en internet.
Cuando tu bebé llora después de tomar pecho o biberón, recorre esta lista en orden:
No es imprescindible tener un diagnóstico perfecto. La idea es ir descartando posibilidades y ver qué le alivia más.
La razón más habitual por la que un bebé llora después de comer son los gases. En un cuerpo tan pequeño, un poco de aire atrapado puede resultar muy molesto. El bebé traga aire, se queda en el estómago o en el intestino, la tripa se pone tensa… y se queja.
Fíjate si:
Algunos bebés tragan más aire que otros. Tomar muy deprisa, engancharse al pecho con un agarre poco profundo, llorar a mitad de la toma o usar una tetina con flujo demasiado rápido aumenta la cantidad de aire que entra.
Muchas familias escuchan que hay que sacar los gases, pero casi nadie les enseña bien cómo. Si te preguntas cómo hacer eructar al bebé, prueba varias posturas y quédate con la que mejor le vaya:
Eructo sobre el hombro
Sentado en tu regazo
Tumbado boca abajo sobre tus piernas
Algunos bebés eructan en segundos. Otros tardan un poco más. Si después de 5 minutos no sale nada y el bebé está tranquilo, suele ser suficiente.
Si tu bebé llora después de comer, ya sea pecho o biberón, intenta:
Esas pequeñas pausas evitan que el aire se acumule y se convierta en gases dolorosos.
Si ya has intentado sacar los gases y sigue incómodo:
Bicicleta con las piernas
Túmbalo boca arriba y mueve suavemente sus piernas como si pedaleara. Este movimiento ayuda a que los gases se desplacen por el intestino.
Masaje para gases del bebé
Con las manos calientes y un poco de aceite o crema apta para bebés, haz un masaje muy suave alrededor del ombligo, en círculos pequeños en sentido de las agujas del reloj, que es el mismo sentido del intestino. Presión muy ligera.
Ratitos de boca abajo (tummy time)
Ponerlo boca abajo, siempre vigilado, alivia la presión de la espalda y puede ayudar a que salgan los gases. Evita hacerlo justo después de una toma abundante para reducir los vómitos.
Si al aplicar estas técnicas de alivio de gases del bebé notas una gran mejoría, probablemente hayas encontrado la principal causa del llanto.
El estómago de un recién nacido es muy pequeño. El primer día de vida es más o menos del tamaño de una cereza. Pasadas unas semanas, sigue siendo más parecido a un huevo pequeño que a un cuenco.
Con el pecho, la mayoría de los bebés regulan solos la cantidad que necesitan. Con el biberón, es más fácil caer en la sobrealimentación en bebés, porque:
Algunas pistas:
Si ves que la leche cae a chorros o que parece «a reventar» y enfadado, es una señal clara.
El llamado «biberón con alimentación pausada» o feeding pausado imita el ritmo del pecho y permite que el bebé note antes que está lleno. Es muy útil si tu bebé llora después de comer biberón.
Prueba así:
En muchos casos, tomas un poco más cortas y frecuentes funcionan mejor que grandes cantidades muy espaciadas, sobre todo en recién nacidos o bebés con reflujo.
Algunos bebés tienen reflujo gastroesofágico, lo que solemos llamar simplemente reflujo del bebé o reflujo bebé. Parte de la leche y los ácidos del estómago suben hacia el esófago, que es muy sensible y puede doler. El resultado: llanto después de comer.
Un reflujo leve es muy habitual en los primeros meses y suele mejorar a medida que el bebé crece y pasa más tiempo incorporado.
Fíjate si:
Regurgitar por sí solo no siempre es un problema. Muchos bebés «echan leche» pero se quedan tan tranquilos. La preocupación llega cuando hay dolor, poca ganancia de peso o un malestar casi constante.
Si sospechas reflujo:
Mantén al bebé incorporado 20–30 minutos después de comer
En brazos, pegado a tu pecho, o en una postura vertical. Evita los brincos o movimientos bruscos en ese rato.
Ofrece tomas más pequeñas y frecuentes
Un estómago menos lleno ejerce menos presión hacia arriba y hay menos posibilidades de que la leche suba.
Revisa la postura al comer
Intenta que la cabeza del bebé quede un poco más alta que el culito durante la toma.
Saca los gases a menudo
El aire atrapado puede empujar la leche hacia arriba. Combina las medidas para el reflujo con buenos eructos.
Pide cita con tu pediatra, enfermera pediátrica o llama al servicio de orientación sanitaria de tu comunidad si:
Ellos valorarán si se trata de reflujo gastroesofágico más serio o de otra causa y te indicarán el tratamiento o las pruebas necesarias.
A veces el bebé llora después de comer, no porque siga teniendo hambre, sino porque necesita seguir succionando para calmarse.
La succión les relaja, ayuda a la digestión, regula su sistema nervioso y les hace sentirse seguros.
Puede que tu bebé:
Si las tomas son muy largas, el peso va bien y moja suficientes pañales, es probable que parte de ese tiempo sea succión no nutritiva.
Al pecho
Permitir que el bebé mame por consuelo puede ser muy útil, sobre todo por las tardes y noches. Si das el pecho y te sientes cómoda con ello, suele ser la opción más sencilla.
Chupete
Muchas familias usan chupete para ayudar a calmar al bebé. En general, las recomendaciones de sociedades de pediatría en España y Latinoamérica son parecidas: si estás amamantando, conviene esperar a que la lactancia esté bien establecida (alrededor de las 3–4 semanas) antes de introducirlo, para evitar confusiones al principio.
Pasado ese tiempo, el chupete puede ser una herramienta muy útil cuando el bebé está lleno pero sigue necesitando succión.
Si tu bebé llora después de comer pero se calma rápido cuando chupa sin tomar más leche, es una señal clara de que busca consuelo y contacto más que comida.
Cuando amamantas, la composición de la leche va cambiando a lo largo de la toma:
Si el bebé cambia de pecho demasiado pronto y con frecuencia, puede recibir mucha leche del inicio y poca del final. Ese desequilibrio puede causar más gases y molestias.
No se trata tanto de mirar el reloj y «20 minutos por cada lado», sino de dejar que tu bebé termine bien un pecho.
Si tu bebé está muy inquieto o tienes dudas sobre tu producción, una asesora de lactancia o el equipo de lactancia de tu centro de salud puede orientarte y acompañarte.
Las sensibilidades o alergias alimentarias son menos frecuentes de lo que suele parecer al leer foros y redes sociales, pero existen. La causa más común en lactantes es la alergia a la proteína de la leche de vaca que pasa a la leche materna.
No hablamos de un simple episodio de gases, sino de síntomas más persistentes y globales.
Habla con tu pediatra si ves:
Son signos que pueden encajar con alergia a la proteína de la leche de vaca u otra sensibilidad, aunque también pueden deberse a otros motivos.
No empieces una dieta muy restrictiva por tu cuenta. Mejor:
Si tu bebé toma fórmula, el pediatra puede valorar probar una fórmula especial para alergias si sospecha alergia a la proteína de la leche de vaca.
La buena noticia es que la mayoría de los bebés con este tipo de alergia mejoran mucho una vez identificada y tratada.
Si tu bebé llora después de comer, pero siempre más o menos a la misma hora del día, sobre todo por la tarde o por la noche, puede que no sea solo un tema de alimentación, sino cólico del lactante.
El cólico se suele definir como:
en un bebé por lo demás sano y que crece bien.
Muchas familias cuentan que:
Ajustar las tomas y trabajar los gases puede aliviar algo, pero el cólico muchas veces sigue un patrón bastante fijo, independientemente de lo que se haga.
Si crees que puede tratarse de cólico:
Lo desesperante del cólico es que a menudo no tiene una causa clara. Lo esperanzador es que casi siempre mejora alrededor de los 3–4 meses.
En la mayoría de los casos, el bebé llora después de comer por gases, algo de reflujo o pequeñas molestias digestivas que se pueden tratar en casa. Pero hay situaciones en las que conviene pedir ayuda médica de inmediato.
Acude a urgencias, llama al 112 o al número de emergencias de tu país, o consulta con tu pediatra sin demora si:
Confía en tu instinto. Conoces a tu bebé mejor que nadie.
Cuando tu bebé llora después de comer, puedes seguir este orden:
Revisa primero los gases
Haz pausas a mitad de la toma y al final para sacar eructos. Prueba distintas posturas, bicicleta con las piernas y masajes suaves en la tripa para aliviar los gases del bebé.
Piensa en la cantidad de leche
Observa si hay señales de sobrealimentación en bebés, como muchos vómitos o vientre muy tenso. Usa el biberón con ritmo pausado y ofrece cantidades algo menores, más a menudo.
Busca pistas de reflujo
¿Arquea la espalda, llora al tumbarlo boca arriba, regurgita con frecuencia? Manténlo incorporado 20–30 minutos tras la toma y consulta al pediatra si los síntomas son intensos.
Valora la succión por consuelo
Si se calma enseguida con chupete o al pecho, quizá solo necesite succión no nutritiva y contacto.
Revisa el patrón de lactancia materna
Si das el pecho, permite que vacíe bien un pecho antes de ofrecer el otro para reducir el desequilibrio entre leche inicial y final.
Mira el cuadro completo
Si el llanto es muy persistente, hay sangre en las heces, eccema o antecedentes de alergia en la familia, habla con tu pediatra sobre posibles sensibilidades alimentarias.
Fíjate en los horarios del llanto
Si el llanto intenso se repite a la misma hora cada día independientemente de las tomas, infórmate sobre el cólico del lactante y coméntalo con el profesional de referencia.
No vas a acertar siempre a la primera. Nadie lo hace. Pero si vas probando estas posibilidades con calma, poco a poco irás entendiendo mejor qué te quiere decir tu bebé.
Y esas tomas con llanto a las 2 de la mañana, aunque ahora parezcan eternas, con el tiempo serán mucho más fáciles de manejar.