Un chupete puede parecer un accesorio pequeño, pero suele generar opiniones muy intensas. Hay quien asegura que le salvó las noches, quien cree que dificultó la lactancia y quien advierte de que «deforma los dientes». Sin embargo, en muchas maternidades se ofrece para calmar al recién nacido durante una prueba o una extracción de sangre.
Entonces, ¿debo darle chupete al bebé? No necesariamente. Muchos bebés no lo aceptan y crecen perfectamente sin él. Pero, bien utilizado, el chupete para bebé puede ser una ayuda segura y práctica. No se trata de conseguir que todos los niños lo usen, sino de valorar las ventajas y desventajas del chupete y decidir qué encaja mejor con cada familia.
Los bebés nacen con una necesidad muy marcada de succionar. A veces tienen hambre, claro, pero en otras ocasiones buscan simplemente calma y seguridad. Es lo que se conoce como succión no nutritiva, es decir, succionar sin necesidad de alimentarse.
Un chupete puede satisfacer esa necesidad sin confundirla con una toma. Puede facilitar que el bebé se relaje, concilie el sueño o se calme durante procedimientos molestos. La Asociación Española de Pediatría y otras entidades sanitarias aconsejan ofrecerlo al acostar al bebé para las siestas y por la noche, una vez que la lactancia materna está bien instaurada, porque su uso durante el sueño se asocia con un menor riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante.
Esto no significa que el chupete evite por sí solo la muerte súbita. Es una medida más dentro de las recomendaciones de sueño seguro: acostar al bebé boca arriba, usar un colchón firme y plano, y mantener la cuna libre de almohadas, mantas sueltas, peluches y protectores acolchados.
El beneficio más conocido está relacionado con el chupete y muerte súbita del lactante. Las recomendaciones pediátricas señalan que puede ofrecerse al bebé al ponerlo a dormir, tanto en las siestas como por la noche. Distintos estudios han observado una asociación entre usar chupete durante el sueño y un menor riesgo de muerte súbita del lactante.
No se conoce con certeza el motivo. Puede influir en la profundidad del sueño o en la posición de las vías respiratorias, entre otros factores. Para las familias, lo importante es aplicar unas pautas sencillas:
El chupete no sustituye las normas de sueño seguro. Nunca debe dejarse en la cuna unido a un peluche, una manta, un cordón, una cinta o cualquier otro objeto.
Algunos bebés tienen una necesidad de succión especialmente intensa. Pueden terminar una toma completa, tener el pañal limpio y seguir buscando el pecho, llevándose las manos a la boca o mostrándose inquietos. Eso no siempre significa que necesiten más leche.
En estos casos, usar chupete puede ser útil. Puede aportar consuelo entre tomas y ayudar a que el bebé se calme en el cochecito, durante un trayecto en coche o en esas últimas horas de la tarde en las que parece que nada funciona. A veces se pregunta por el chupete para los cólicos. No cura el cólico del lactante, pero la succión sí puede aliviar a algunos bebés durante episodios de llanto intenso.
Conviene verlo como un recurso más. El contacto, el porteo, mecerle, pasear, envolverle adecuadamente cuando su edad lo permita y ofrecer alimento si muestra señales de hambre siguen siendo medidas muy valiosas.
El chupete para aliviar el dolor del bebé puede resultar útil en situaciones puntuales. Durante pruebas menores, como el pinchazo del talón, una extracción de sangre o una vacuna, la succión no nutritiva puede reducir el malestar visible y facilitar que el recién nacido se calme antes.
En el entorno sanitario, puede combinarse con otras medidas de confort, como el contacto piel con piel, la lactancia materna o, si lo indica el personal sanitario, soluciones de sacarosa administradas de forma controlada. En casa, no se debe mojar nunca el chupete en azúcar, miel, siropes ni otros alimentos dulces. La miel está contraindicada antes de los 12 meses por el riesgo de botulismo infantil.
La pregunta «¿es malo el chupete?» no tiene una respuesta absoluta. Puede haber inconvenientes, pero suelen depender de cuándo se introduce y de cuánto tiempo se mantiene el hábito.
Una de las mayores preocupaciones al inicio de la crianza es la relación entre chupete y lactancia. Algunos bebés alternan pecho y chupete sin ninguna dificultad. Otros pueden tener más problemas si se introduce demasiado pronto, cuando la lactancia todavía está en fase de aprendizaje.
Durante las primeras semanas, el bebé aprende a agarrarse al pecho, extraer leche y comunicar sus señales de hambre. La madre, a su vez, está estableciendo la producción de leche mediante tomas frecuentes. Si el chupete retrasa repetidamente las tomas, pueden reducirse las oportunidades de mamar, algo especialmente delicado al principio.
Por este motivo, muchos profesionales de lactancia recomiendan esperar hasta que la lactancia esté establecida, habitualmente hacia las 4 a 6 semanas. Algunas señales de que va por buen camino son:
Si hay dolor al amamantar, dificultades de agarre, escasa ganancia de peso o dudas sobre la producción de leche, es preferible consultar con el pediatra, la matrona o una asesora de lactancia acreditada antes de introducirlo. La confusión pezón y chupete no ocurre siempre, pero merece atención en esta etapa.
El chupete no debería utilizarse para alargar el tiempo entre tomas, especialmente en un recién nacido. Es habitual que los bebés pequeños hagan entre 8 y 12 tomas en 24 horas, e incluso más durante los brotes de crecimiento.
Es mejor observar al bebé que mirar solo el reloj. Entre las primeras señales de hambre están moverse, girar la cabeza hacia el roce, abrir la boca, relamerse o llevarse las manos a la boca. El llanto suele aparecer más tarde. Si el bebé busca el pecho o hace movimientos de succión, conviene ofrecerle alimento antes de darle el chupete.
Existe una relación entre el uso continuado del chupete y una mayor frecuencia de otitis media, especialmente a partir de los 6 meses. No se conoce por completo el mecanismo, pero la succión podría modificar la presión en el oído medio y favorecer la acumulación de líquido.
No significa que haya que retirar todos los chupetes el día en que el bebé cumple seis meses. Sí puede ser razonable reducir su uso durante el día a medida que crece y reservarlo para dormir o para momentos muy concretos de necesidad.
Si el niño tiene otitis recurrentes, conviene hablar con el pediatra sobre la conveniencia de limitar el chupete.
El chupete no suele provocar problemas dentales durante la lactancia ni en los primeros meses de vida. La preocupación aumenta si se mantiene de forma frecuente durante la etapa infantil, sobre todo más allá de los 2 años. La succión prolongada puede afectar a la manera en que encajan los dientes y al desarrollo del paladar.
El riesgo no es igual en todos los casos. No es lo mismo un niño que usa el chupete unos minutos antes de dormir que otro que lo mantiene en la boca gran parte del día.
Por eso, es recomendable empezar a plantear una retirada gradual antes de que se convierta en un hábito muy arraigado en la etapa preescolar.
No es cierto. La confusión pezón y chupete es más probable cuando se ofrece demasiado pronto, antes de que la lactancia esté instaurada, o cuando sustituye tomas necesarias. Una vez que el bebé mama con eficacia, el uso de chupete no implica automáticamente el fin de la lactancia ni problemas de alimentación.
El momento en que se introduce importa. También importa responder a las señales del bebé.
Tampoco es verdad. Dejar el chupete puede requerir paciencia, pero es una etapa temporal. Los niños aprenden nuevas formas de dormirse, calmarse y gestionar sus emociones a medida que crecen. Para muchas familias, empezar a reducir su uso entre los 6 y los 12 meses facilita mucho el cambio.
No. El chupete es una herramienta, no una medida de la calidad de la crianza. Se puede sostener al bebé, atender sus necesidades, dar el pecho a demanda y usar un chupete en momentos puntuales. Una cosa no excluye a la otra.
Cuidar de un recién nacido puede ser agotador. Si un chupete limpio y usado de forma segura ayuda a atravesar un viaje complicado o a facilitar una siesta, no es un fracaso. Es encontrar una solución práctica para una situación concreta.
Si decides utilizarlo, estas pautas ayudan a reducir riesgos y mantener los beneficios del chupete.
En bebés alimentados al pecho, lo aconsejable es esperar hasta que la lactancia esté establecida, generalmente entre las 4 y 6 semanas. Los bebés alimentados con leche de fórmula pueden aceptar el chupete antes, pero las señales de hambre deben seguir siendo siempre la prioridad.
Puedes ofrecerlo en las siestas y por la noche si el bebé lo acepta. No es necesario recolocarlo una y otra vez cuando ya se ha dormido.
Estas normas básicas son importantes:
No existe una fecha perfecta para despedirse del chupete. Aun así, una meta razonable es empezar a reducir su uso entre los 6 y 12 meses, cuando muchos bebés ya pueden incorporar otras formas de calmarse.
Un primer paso sencillo es reservarlo solo para las siestas y la noche. Después, conforme el niño crece, puede sustituirse por una rutina de descanso: una canción, caricias en la espalda, un abrazo o un cuento antes de dormir.
Lo ideal es intentar retirarlo antes de los 2 años para disminuir la probabilidad de alteraciones dentales y hacer que el cambio sea más sencillo. Un proceso gradual suele funcionar mejor que convertirlo en una lucha.
El chupete no es mágico ni perjudicial por definición. Si se introduce en el momento adecuado, se mantiene limpio y se retira poco a poco, puede ser un pequeño aliado durante los primeros meses.