Pocos sonidos nos afectan tanto como el llanto de nuestro propio hijo. Puede encogerte el pecho, acelerar los pensamientos y hacerte preguntarte: «¿Por qué llora mi bebé si ya he probado de todo?». Si te sientes sobrepasado, no estás haciéndolo mal. El llanto bebé es una forma de comunicación, no una evaluación de tu capacidad como madre o padre.
Con el tiempo irás reconociendo sus rutinas y señales. Mientras tanto, seguir unos pasos sencillos puede ayudarte a entender qué necesita y a calmarlo de forma segura.
Los bebés no pueden expresarse con palabras, así que llorar es su principal manera de pedir ayuda. Un recién nacido no puede decirte que tiene hambre, sueño, frío, que se siente incómodo o que necesita estar cerca de ti. Su cuerpo está avisando de que algo requiere atención.
A veces la causa es evidente. Otras, sobre todo durante esas largas tardes o noches de llanto en las primeras semanas, parece un auténtico misterio.
Estas son algunas causas frecuentes:
La realidad es que puede haber más de una causa a la vez. Un bebé con hambre también puede estar agotado, y uno con gases puede terminar exhausto de tanto llorar. En lugar de buscar una solución mágica, conviene ir descartando posibilidades con calma.
Es normal querer interpretar cada llanto como si existiera un diccionario universal. Hay patrones que pueden orientarte, pero cada bebé tiene su propia manera de expresarse y tú acabarás conociendo sus señales mejor que cualquier tabla.
Fíjate en el ritmo, la intensidad, el tono y los movimientos de su cuerpo. Todo ello puede darte pistas sobre por qué llora el bebé.
El llanto de hambre bebé suele empezar de forma suave, con quejidos, pequeños gruñidos o sonidos repetitivos. Si la toma se retrasa, gana intensidad poco a poco. Antes de llorar, muchos bebés muestran señales de hambre en bebé más fáciles de detectar:
Llorar suele ser una señal tardía de hambre. Si ofreces la toma al observar los primeros signos, será más fácil que el bebé coma tranquilo.
El llanto por sueño bebé puede comenzar con protestas suaves o un llanto apagado y quejumbroso. Quizá se frote los ojos, tire de las orejas, bostece, mire al vacío o aparte la cara de las personas y los juguetes. Algunos bebés, en vez de parecer cansados, se activan mucho: patalean, agitan los brazos y parecen resistirse al sueño.
Los recién nacidos toleran periodos muy cortos despiertos, a veces solo entre 45 y 60 minutos. Cuando el llanto ya es intenso, pueden estar demasiado cansados y necesitar más ayuda para dormirse.
El llanto por dolor bebé suele aparecer de forma brusca, ser muy agudo o sonar claramente diferente a su llanto habitual. Puede empezar sin una fase previa de quejas. El bebé puede encoger las piernas, arquear la espalda, palidecer o resultar muy difícil de consolar.
Un grito aislado no significa necesariamente que haya un problema grave. Pero si piensas «este llanto no es normal en mi bebé», confía en tu intuición y obsérvalo con atención.
Un bebé aburrido puede quejarse, calmarse al hablarle o jugar con él y volver a protestar poco después. La sobreestimulación se puede parecer, pero en ese caso el problema suele estar en el ambiente: televisión encendida, demasiadas personas, luces fuertes, muchos juguetes o una salida demasiado larga.
Observa si aparta la mirada, cierra los puños, hace movimientos bruscos, parpadea mucho o tiene la cara enrojecida y cansada. En estas situaciones, menos suele ser más. Una habitación en penumbra, brazos y un sonido suave y constante pueden funcionar mejor que añadir más entretenimiento.
Cuando el bebé llora con fuerza, es fácil quedarse en blanco. Tener una lista para calmar al bebé da un punto de partida. Revísala sin prisa, paso a paso.
¿Tiene hambre?
Ofrécele una toma si ha pasado un rato desde la última o si observas señales de hambre en bebé. Un recién nacido que toma pecho puede hacer entre 8 y 12 tomas en 24 horas, e incluso más durante los periodos de tomas agrupadas.
¿Necesita cambiar el pañal?
Comprueba si está mojado, sucio, demasiado apretado o si tiene la piel irritada.
¿Tiene frío o calor?
Tócale el pecho o la nuca, no las manos ni los pies, que suelen estar más frescos. Para dormir, una habitación entre 18 y 20 °C suele resultar adecuada. Añade o retira una capa ligera según sea necesario.
¿Tiene sueño?
Baja las luces, reduce el ruido y empieza vuestra rutina habitual para dormir. No esperes a que esté completamente alterado: actúa al ver las primeras señales de cansancio.
¿Pueden ser gases o dolor de barriga?
Haz pausas durante la toma para ayudarle a expulsar el aire. Puedes mantenerlo erguido sobre tu hombro, mover suavemente sus piernas como si pedaleara o hacerle un masaje circular en el abdomen, en el sentido de las agujas del reloj, cuando esté tranquilo.
¿Está sobreestimulado?
Id a una habitación más tranquila, apaga la televisión y pide a las visitas que le den un poco de espacio. No hace falta un silencio absoluto, pero un entorno predecible y sereno ayuda.
¿Solo necesita consuelo?
Cógelo en brazos, mantenlo cerca y háblale bajito. Un bebé no te está manipulando por querer contacto. Busca calma y regulación en la persona que le resulta más segura.
Esta lista responde de forma práctica a la pregunta «¿por qué llora mi bebé?». Y si llegas al final sin encontrar una causa concreta, también es normal. A veces necesitan ayuda para regularse aunque tengan cubiertas sus necesidades básicas.
No existe una técnica que sirva para todos los bebés ni para todos los momentos. A menudo, la mejor opción es combinar varias estrategias. Empieza por lo básico y añade medidas de consuelo según veas cómo responde.
En los bebés pequeños, lo primero que conviene revisar es el hambre, porque es una causa muy frecuente. Ofrece pecho, biberón o leche extraída sin miedo a crear malos hábitos. Las tomas frecuentes forman parte de la normalidad durante el periodo neonatal.
Si tu bebé se separa del pecho o del biberón llorando, arquea la espalda de forma repetida, tose, vomita con fuerza o parece incómodo en la mayoría de las tomas, consulta con su pediatra, matrona o enfermera de pediatría. Las dificultades de alimentación y el reflujo pueden abordarse, y no tienes que manejarlo sin apoyo.
El contacto piel con piel es una de las formas más suaves y eficaces de calmar llanto de bebé. Coloca al bebé erguido sobre tu pecho desnudo, solo con el pañal, y cúbrele la espalda con una manta ligera o con tu ropa. Siéntate cómodamente y asegúrate de permanecer despierto.
Tu calor, el latido de tu corazón, el olor y el ritmo de tu respiración pueden ayudarle a regular su temperatura, frecuencia cardiaca y respuesta al estrés. También favorece la lactancia y el vínculo. No es algo reservado a las primeras horas tras el parto: sigue siendo útil durante semanas y meses.
Las llamadas «5 S» reúnen varias técnicas para calmar al bebé que recrean sensaciones contenidas y rítmicas parecidas a las del útero.
No tienes que aplicar las cinco medidas cada vez. Prueba una o dos y observa cuáles le ayudan.
Un portabebés ergonómico o una mochila bien ajustada combinan calor, contacto y movimiento. Para muchos bebés, es una fórmula que funciona especialmente bien durante las horas de más llanto por la tarde, cuando quieren estar en brazos y tú necesitas tener las manos libres.
Sigue las normas de seguridad: el portabebés debe quedar bien ajustado, la cara del bebé ha de estar siempre visible, debe quedar lo bastante alto como para poder darle un beso, la barbilla no puede tocar el pecho y la espalda debe estar bien sostenida. Mantén nariz y boca libres de tela. No alimentes al bebé dentro del portabebés si no puedes verlo y garantizar una postura segura.
Un sonido continuo y suave puede ayudar a algunos bebés porque disimula ruidos repentinos de casa. Puede ser el sonido de la lluvia, un ventilador o una pista de ruido blanco, mejor que canciones con cambios de ritmo.
Mantén el volumen en torno a 50 dB o menos, equivalente aproximadamente a una conversación tranquila, y coloca el aparato lejos de la cuna. No dejes un sonido fuerte toda la noche junto a la cabeza del bebé. A menor volumen, mayor seguridad.
Cuando nada funciona en el salón, cambia de escenario. Sal al balcón, al patio, asómate a una ventana abierta o da un paseo tranquilo. El aire fresco y un entorno visual diferente pueden interrumpir la espiral de llanto.
También puede bastar con ir a otra habitación. A veces quien necesita reiniciarse no es solo el bebé.
Un baño templado puede relajar a un bebé tenso, sobre todo antes de dormir. Prepara todo antes de empezar, comprueba que el agua esté agradable y no demasiado caliente, y mantén siempre una mano sobre el bebé.
No todos disfrutan del baño. Si el tuyo llora más al entrar en el agua, no pasa nada por prescindir de él. No es necesario insistir en una rutina que hace sufrir a toda la familia.
El movimiento constante de un paseo en cochecito o de un trayecto en coche puede ser muy eficaz para el llanto de la tarde o de la noche. Asegúrate de que el bebé vaya correctamente sujeto con el arnés adecuado.
Si se queda dormido en la silla del coche, pásalo a una superficie firme y plana, boca arriba, en cuanto lleguéis y sea posible hacerlo. Las sillas de coche son para viajar, no para el sueño habitual.
Se suele hablar de cólicos bebé cuando un bebé sano llora mucho sin que exista una causa evidente. Una definición habitual es llorar más de tres horas al día, al menos tres días a la semana, durante una semana o más. Suelen comenzar en las primeras semanas de vida, alcanzar su punto máximo entre las seis y ocho semanas y mejorar hacia los tres o cuatro meses.
Algunos síntomas que pueden acompañar a los cólicos son:
Los cólicos son agotadores, pero no son culpa de una mala crianza. Antes de probar gotas, suplementos o cambios importantes en la alimentación, habla con el pediatra, la matrona, la enfermera de pediatría o el farmacéutico.
Busca atención médica urgente llamando al 112 o acudiendo a urgencias si tu bebé presenta alguno de estos signos:
Tú conoces a tu bebé. Siempre está bien pedir ayuda.
Habrá momentos en los que le hayas dado de comer, cambiado el pañal, ayudado a expulsar gases, cogido en brazos, mecido, paseado y hablado suavemente, y aun así siga llorando. Eso puede despertar enfado, angustia, tristeza e incluso rabia. Son sentimientos más comunes de lo que parece. El llanto está diseñado para que no podamos ignorarlo. Sentirte al límite no te convierte en una mala madre ni en un mal padre.
Lo importante es qué haces a continuación.
Si notas que estás perdiendo la paciencia:
Un bebé llorando en una cuna segura está más protegido que en brazos de un adulto desbordado. Y nunca, bajo ninguna circunstancia, sacudas a un bebé. Sacudirlo puede causar lesiones cerebrales graves o incluso la muerte en cuestión de segundos.
Aprender cómo calmar al bebé no consiste en encontrar un truco perfecto. Consiste en responder, observar, probar de nuevo y aceptar que algunos días son difíciles. Tu bebé no necesita perfección: necesita seguridad, consuelo y una persona adulta que también pida apoyo cuando lo necesite.